Historia de un libro. Historia de los hechos sin Historia. De la Guerra de los Treinta Años a la batalla de Getaria (1612-1648).

El objeto que exponemos hoy en esta onceava bitácora de Pedro Morgan es, quizás una de las mejores explicaciones sobre por qué determinados hechos históricos, paradójicamente, carecen de Historia. Como es el caso del que nos ocupa este mes, la batalla de Getaria, que tuvo lugar, por mar y tierra, el 22 de agosto de 1638.

 

Observemos bien las distintas imágenes que ilustran esta sección.

En la primera de ellos vemos algo que, en principio, no nos dice gran cosa. Es la portada, algo deteriorada por el paso de cerca de un siglo, de uno de esos libros de lujo habituales en las bibliotecas de la clase media y, sobre todo, la alta burguesía francesa durante las últimas décadas del siglo XIX y principios del XX. Su tema es, como lo indica su título, la Guerra de los Treinta Años que se desarrollará en Europa, aproximadamente, entre 1612 y 1648. Más concretamente se trata de la biografía que el inspector de la Académia Francesa M. T. Forfer dedicará a uno de sus principales protagonistas: el rey sueco, líder del partido protestante, Gustavo Adolfo de Suecia.

Ahora observemos la segunda y tercera imagen de esta microexposición.  Proceden del interior de ese libro. Se trata del boletín de calificaciones del año 1907 de Elise Delmas. Alumna, muy aplicada, de la escuela municipal para niñas de Bergerac que recibió este libro de Historia como premio por ese buen rendimiento escolar.


Ahí está precisamente la principal lección que podemos sacar de este objeto: determinadas burguesías decimonónicas, supieron crear y difundir entre sus miembros más aptos un determinado relato de determinados hechos que quedó fijado y transmitido por textos y, sobre todo, impactantes imágenes como la del entierro del gran héroe protestante de aquel conflicto, el rey sueco Gustavo Adolfo que cerraba esta “Histoire de Gustave-Adolphe” de M. T.. Forfer que la señorita Elise Delmas obtuvo como premio por sus buenas notas en el año 1907.

Fueron artefactos culturales como estos, en efecto, los que han creado una versión sesgada de los hechos de la Guerra de los Treinta Años de la que, como no podía ser menos, se han vaporizado todos los que no encajan con ella. Como ocurre con el gran fiasco sufrido por los planees del cardenal Richelieu ante Getaria y Hondarribia en el verano de 1638 que, según demuestran libros menos regalados que éste que aquí exponemos, fueron tan ciertos como los que se cuentan en esas páginas que premiaron a la aplicada señorita Delmas, depositaria en 1907 de una visión de la Historia que aún pesa en nuestra época.

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