Editorial. La era de la confusión. De las revoluciones inesperadas a los diccionarios perversos.

A fecha de hoy, 26 de junio de 2011, “la era de la confusión” es un buen título para cualquier cosa que estén decididos a escribir los historiadores a partir de los hechos históricos que a un ritmo -al menos en apariencia- vertiginoso, están ocurriendo en torno a ellos.

Apenas ha pasado un mes desde que estalló la inesperada “spanish revolution” entre el 14 y el 15 de mayo de 2011, en la Gran Vía de Madrid. La que después se trasladó durante cerca de un mes a la Puerta del Sol, para desde allí levantar una oleada de envidia, de admiración, en fin, de entusiasmo, en el resto de Europa y en el resto del Mundo.

El fenómeno, incluso observado de cerca, de muy cerca, tanto a través de la prensa, y otros medios de comunicación convencionales, como investigado, sondeado, interrogado “in situ”, no termina de revelar qué es lo que realmente está ocurriendo, qué significa todo esto, en qué dirección se está moviendo este nuevo avatar histórico que, inesperadamente, se ha atrevido a señalar que el emperador está desnudo, que las cosas no pueden seguir así, que el curso de las corrientes de la Historia avanza sobre un cauce que está cegado por las propias incoherencias de nuestro sistema político y, sobre todo, económico. Las dudas son razonables porque, más allá de esas denuncias llenas de sentido común, ese “movimiento 15-M” no parece capaz de ir a cuajar más allá de una oleada de protesta que -es de temer- acabe siendo absorbida por un sistema muy permeable, aunque no por eso más viable históricamente que, por ejemplo, el arruinado pseudocomunismo soviético que implosionó en el año 1989.

Tampoco resulta tranquilizador para los historiadores que observan los acontecimientos que giran a su alrededor, descubrir la polémica del diccionario biográfico publicado el mes pasado por la Real Academia de la Historia. Otro acontecimiento que también ha desatado otra verdadera tormenta social en torno a él, esta vez a causa de su estrambótica interpretación de algunas figuras históricas incluidas en él. Por ejemplo la del general rebelde a la Segunda República Francisco Franco y otros similares a él.

Atendiendo a los debates y polémicas suscitados en los medios de comunicación sobre esa cuestión, los historiadores descubren, consternados, que todavía hay quien se asombra de que estas cosas ocurran, de que una obra de referencia en el campo de la  Historia -es lo que se supone que es, o debería ser, el diccionario dela RAH- pueda contener semejantes inexactitudes, semejantes interpretaciones sesgadas sobre personajes históricos que aún despiertan, más de tres décadas después de su muerte, odio y resentimiento -por muy bien fundadas razones- entre una parte nada desdeñable de los que han pagado, con sus impuestos, esa obra.

Vistas las cosas desde esa perspectiva el esfuerzo de publicaciones como “La Bitácora de Pedro Morgan”, dedicadas a explicar determinados hechos y procesos históricos, a hacerlos más asequibles para un gran público, parece completamente inútil…

Evidentemente creemos que esas apariencias engañan. Por esa razón vamos a sacar un nuevo número -y tantos otros como sea necesario- para seguir hablando de Historia, de hechos y procesos históricos como la “spanish revolution” del 15 de mayo de 2011 o las zonas de sombra del diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia.

Así se hablará en este nuevo número de “La Bitácora de Pedro Morgan” de esos hechos que, en apariencia, nos remiten a una “era de la confusión”. De lo que ocurrió en la Puerta del Sol una semana antes de que se levantase el campamento de los indignados en un artículo firmado por uno de nuestros más habituales colaboradores, Carlos Rilova, que se desplazó hasta allí para verlo, oírlo y apuntarlo todo. En una nueva opinión de Pedro Morgan, hablaremos de cómo se recuerda cierta Historia turbulenta de setenta años de antigüedad -la que comúnmente describimos como “guerra civil española” y “Segunda Guerra Mundial”- y de cómo todavía hoy pesa sobre nuestro presente. Como lo demuestra la agria polémica en torno al diccionario biográfico de la Real Academia de la Historia.

Habrá también en estas páginas una exposición de imágenes del campamento de Sol que tratarán de resumir, en imágenes, ese acontecimiento ya histórico para bien o para mal.

No faltará tampoco a la cita la penúltima entrega de “La sombra roja”. Esperamos así que esta breve era de confusión sea un poco menos confusa.

(Suscriben este Editorial Oihana Artetxe y Xabier Alberdi. Miembros del Comité de redacción de “La Bitácora de Pedro Morgan”)

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