La otra cara del Ogro. Apuntes sobre una exposición de las guerras napoleónicas

Carlos Rilova Jericó – Patricia Prieto Soto

El día 17 de diciembre de 2010, después de muchos desvelos y los nervios y carreras de un lado a otro también habituales en la organización de cualquier exposición que se precie, se abrieron, al fin, las puertas del Palacio Aranburu de Tolosa, para, tras una magnífica conferencia impartida por la catedrática Montserrat Fornells Angelats, dar por inaugurada la exposición “La otra cara del Ogro. La Bayoneta, Tolosa y Napoleón. Propaganda y contrapropaganda en época napoleónica”.

Esta muestra, que, hasta su clausura el día 8 de enero de este año, ha obtenido un considerable número de visitas, surgió dentro del proyecto de investigación y difusión sobre el impacto de las guerras napoleónicas puesto en marcha por el Archivo Municipal de Tolosa en diciembre del año 2008, dentro de uno de los convenios que dicho Ayuntamiento mantiene con la Sociedad de Estudios Vascos – Eusko Ikaskuntza.

El objetivo fundamental del mismo ha sido tratar de acercar el período de las guerras napoleónicas, en este bicentenario del conflicto -sufrido con extrema intensidad en Tolosa, arteria principal entre los frentes de batalla del Norte y el Sur de Europa-, a un público mayoritario que, naturalmente, no dispone del tiempo necesario para obtener la información a partir de los numerosos y muy detallados documentos de que dispone dicho archivo sobre ese período, más bien trepidante, que dio lugar a nuestra actual sociedad.

La Bayoneta

Con ese fin, se creó el facsímil de una hoja de propaganda periódica -publicada tres veces al año desde diciembre de 2008-, titulada la Bayoneta o periódico antinapoleónico de Tolosa. En ella un personaje decantado de entre los primeros liberales revolucionarios, tan abundantes en esa zona -recordemos, por ejemplo, a la familia Carrese, incluida en la completa nómina de los presentes en la Francia de 1789 por José Manuel Fajardo en La epopeya de los locos-, se dedica a informar a sus convecinos de la marcha de los negocios napoleónicos en Europa en 1808, 1809, 1810…, y de cómo esa estrategia de alcance mundial afecta a la villa de Tolosa. La villa, en efecto, será testigo del paso de Murat, Napoleón, Junot y, sobre todo, de miles de soldados de los más famosos regimientos de ese ejército ya mítico, camino de Tudela, Bailén, Gerona, Zaragoza, Somosierra o Andalucía, o de vuelta hacia otros grandes escenarios napoleónicos como Wagram, Moscú, Leizpig…

La otra cara del Ogro… : el proceso de creación de un Mito

Naturalmente, estos casi tres años de trabajo sobre los métodos de propaganda de la época han llevado, casi sin querer, a esta exposición, en la que se ha reunido un magnífico conjunto de piezas -provenientes, en su mayor parte, de una de las mayores colecciones del País Vasco sobre ese tema, amablemente cedida para este fin- a través de la cual hemos desplegado un discurso analítico sobre el modo en el que Napoleón fue elevado, por sí mismo y por otros, a lo largo del tiempo, a la categoría mítica de la que todavía hoy disfruta.

El recorrido expositivo, se articuló, así pues, en base a dos criterios: el temático y el cronológico, quedando dividido en tres ámbitos. En el primero, “Los contornos del mito”, se analizaron las diferentes facetas del personaje puestas en relieve por la propaganda: el soldado, el emperador, el gran héroe degradado en su derrota. El segundo, “Las armas de la propaganda y la contrapropaganda”, analizó los diferentes medios y lenguajes utilizados para transmitir el mensaje de colaboradores y opositores a Bonaparte: la imagen épica, la caricatura, el adoctrinamiento de los ciudadanos desde su infancia a través de herramientas educativas y objetos lúdicos… En el tercero, por fin, bajo el título de “Napoleón hoy: el Mito en la cultura popular”, se puso de manifiesto la pervivencia del imaginario napoleónico, parcial, épico y enaltecedor, en nuestros días; el papel de los medios de masas, que, paradójicamente, alimentando su popularidad, han conducido a la banalización del personaje; y aquellos intentos de revisar críticamente el Mito. Para terminar, como sugestivo apéndice, pudieron admirarse armas y periódicos de época, fuentes de inspiración originales de la Bayoneta

Piezas escogidas

A lo largo de estas salas, reunimos, en diversas vitrinas, algunos ejemplares de los más de doscientos mil títulos dedicados a este personaje, grabados e imágenes de la época, en las que se expresa ese peculiar discurso de la propaganda de guerra que crece y se desarrolla hasta nuestros días, y a través del cual se exaltan a un determinado personaje y unas determinadas acciones o, en el caso de la contrapropaganda, trata de destruirse su imagen por completo. Armas éstas a veces tan sólidas, y más mortíferas, que los sables “Briquet” habituales en la Infantería napoleónica, las bayonetas o los sables de oficial, piezas, por cierto, también incluidas en “La otra cara del Ogro”, gracias a algunos magníficos ejemplares de esa colección particular ya aludida.

Entre las más de ochenta piezas de la exposición, puestos a hacer balance, resulta difícil, escoger alguna que sobresalga por encima del conjunto. Describimos a continuación algunas de las más significativas…

Podríamos destacar, por ejemplo, la divertida sátira de uno de los caricaturistas británicos más activos en ese período, Rowlandson, en la que dos oficiales veteranos se burlan de un compañero bisoño que escribe a su madre en un tono exaltado, mientras temen que ese relato enfático se convierta, en los periódicos de la lejana Inglaterra, en la verdad -con “V” mayúscula-, sobre la larga y costosa guerra contra el Ogro Napoleón. Una pieza producida hacia 1815, cuando apenas se han extinguido los ecos de Waterloo y del resto de aquellas batallas que durante más de una década han tratado de crear un imperio europeo para Francia…

Otra pieza que cabría destacar, procedente también de Inglaterra y de la misma colección particular, es el grabado en blanco y negro -en contra de lo que solía ser habitual en él- donde el quizás más grande caricaturista inglés de la primera mitad del siglo XIX, George Cruikshank, se burla de Napoleón convirtiéndolo, junto a otros enemigos supuestos o reales de Gran Bretaña, en un ratero liliputiense que roba el reloj de bolsillo de un John Bull, esa encarnación de Inglaterra surgida en la época, quien lo mira más o menos divertido. Una magnífica estampa de mediados del siglo XIX que revela el sordo temor que aún despierta ese formidable enemigo vencido y muerto hace décadas y que es conjurado por medio de esta caricatura.

Dentro de esta contrapropaganda también es destacable alguna que otra imagen extraída de la magnífica colección de prensa satírica que conserva el Archivo Municipal de Tolosa y que ocupó un puesto destacado dentro de “La otra cara del Ogro”. La que puede verse en la ilustración adjunta, muestra a dos políticos españoles del convulso período de la Primera República española, que contemplan la imagen ya estereotipada de Napoleón -estamos en 1873- tratando de verse reflejados en algunas de sus cualidades y características pero, en absoluto, en su carácter de dictador militar. Constituye en todos los aspectos, en el gráfico y en el de contenidos, un magnífico ejemplo en lengua española de los mismos miedos que, más o menos en las mismas fechas, expresa la caricatura de Cruikshank.

Los ejemplos del punto de vista opuesto, es decir, aquellos que se han concebido para exaltar el recuerdo de Napoleón, tampoco han faltado entre las piezas exhibidas en “La otra cara del Ogro”.

Es el caso, por ejemplo, de un ilustre antepasado de nuestras actuales colecciones en fascículos, que en 1845 trataba de poner al alcance del público francés no sólo las supuestas hazañas de los generales napoleónicos, sino también sus retratos, en grabados de una exquisita factura.  Una muestra de esa serie, es esta magnifica pieza de la colección particular que ha nutrido la mayor parte de “La otra cara del Ogro”.

Este, como muchos otros de los objetos expuestos en la muestra, es un claro síntoma de cómo a lo largo del siglo XIX se va creando un discurso más o menos histórico sobre Napoleón y su imperio del que, para bien o para mal, somos en la actualidad innegables herederos que aún tratamos de esclarecer su veracidad por medio de exposiciones como éstas, de la investigación de archivo y, por supuesto, de una labor de difusión que haga llegar esos contenidos a un público lo más amplio posible y que desea conocer su pasado, su verdadero pasado.

¿De qué otro modo podríamos comprender una realidad tan compleja como la que creó esa imagen y su contraimagen, que podemos ver, por ejemplo, reflejada en otra pieza de la misma colección particular que fue a parar a nuestra exposición, en la que Alejandro I, zar de todas las Rusias, rival encarnizado de Napoleón, es representado de modo no muy distinto al que utiliza su gran enemigo?

Dicho esto sólo nos queda invitarles a entrar en la presentación adjunta, en la que podrán ver una muestra más amplia de una parte sustancial de los contenidos de “La otra cara del Ogro”. Bon appétit, como hubiera dicho Napoleón…

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2 respuestas a La otra cara del Ogro. Apuntes sobre una exposición de las guerras napoleónicas

  1. Kaneda dijo:

    Excelente vuestra labor divulgativa, se hechan de menos más páginas como esta, cada vez que actualizais es un motivo de alegría, muchas gracias.

    Sé que no tiene nada que ver con el artículo, lo siento, pero no sabía donde dirigirme, estoy leyendo la novela corta Alcolea, y la página 69 aparece en blanco, no sé si se puede conseguir la novela desde algún otro sitio en el que esté corregido ese error, la estoy leyendo desde este link:

    Un saludo, y perdón por las molestias.

    • Gracias por tu amable comentario Kaneda. Seguiremos actualizando todos los meses -al menos mientras las leyes anti-internet lo permitan-, para que no nos echéis de menos ni tu ni otros usuarios. Este mes hay doble ración. El 23 de febrero colgaremos el número mensual de “La Bitácora” que girará, en su mayor parte, en torno al tema del golpe de estado de 1981 y tres días después, el 26, se colgará el primer número de “Los papeles de Pedro Morgan” dedicado a Clima y Cambio Climático y a lo que puede aportar al tema la Historia, que es bastante más de lo que se suele decir o dejar decir.
      Con respecto a “Alcolea” el dire de todo esto, que es el autor, espera que la estés disfrutando y nos dice que te remitas para resolver el problema a nuestros queridos vecinos y colegas de “La novela antihistórica” a su correo electrónico lanovelaantihistorica@yahoo.es.
      Si te engancha la prosa del “jefe” puedes descargarte del número de enero de “La Bitácora” “La sombra roja”, otra de sus excursiones literarias que nos ha obligado a colgar en “La Bitácora” (ya sabes aquello de donde manda patrón…). Se publicará por entregas hasta el mes de agosto, cuando se cumple el aniversario de la batalla de Guetaria de 1638, que es el eje de ese relato.

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