Novedades históricas para el 31 de agosto de 2010

Xabier Alberdi Lonbide-Carlos Rilova Jericó

Introducción. La Historia quemada.

Parece ser, según anunció hace pocos meses el que ha sido definido como el cronista más popular de San Sebastián -es decir, Javier Sada-, que bastantes documentos que nos pueden esclarecer el complicado asunto del incendio de esa ciudad provocado a partir del 31 de agosto del año 1813, todavía están aún por revisar y eso justificaría la aparición de su último libro, precisamente centrado sobre este tema[1].

No le falta razón. En absoluto. A pesar del incendio iniciado deliberadamente por los portugueses y los británicos bajo el mando del general Wellington, el que acabó con la mayor parte del archivo de esa ciudad, hay numerosos documentos, generados inmediatamente después de esa hecatombe, que han ayudado, y pueden seguir ayudando, a esclarecer aspectos de ese asunto que, en realidad, advirtámoslo ya desde aquí, va más allá del mero interés local.

Imagen de Épinal. Batalla de las Pirámides (c.1800). Colección particular

En efecto, por un lado se nos plantearía la posibilidad de estudiar, una vez más, en la línea del mencionado Javier Sada, las ediciones de las diferentes investigaciones judiciales abiertas por el Ayuntamiento donostiarra, justo a principios de septiembre de 1813, para esclarecer ante las autoridades aliadas la culpabilidad de portugueses y británicos en ese hecho que, de ningún modo, podía justificarse como un lamentable accidente debido al acaloramiento habitual en los soldados que tomaban al asalto ciudades tan bien fortificadas como San Sebastián.

Una tarea, por otra parte, la de discernir esos hechos a partir de esas fuentes ya muy manoseadas -nada originales se diga lo que se diga al respecto- que se ha realizado en diferentes ocasiones, con distintos medios y alcance, por, entre otros, Antolín Mendiola, José Ramón López-Alen, o Luis Murugarren, por no alargar una lista en la que entrarían, entre otros muchos, nombres tan celebres como el del profesor Miguel Artola[2].

De ahí salen, sin duda, curiosos problemas históricos a resolver. Como, por ejemplo, por qué razón, a pesar de la repetitiva existencia de investigaciones como ésas, sigue dándose pábulo en medios como la novela histórica -y, a través de ella, a gran parte del imaginario colectivo- a curiosas teorías como la que asegura que, en realidad, fue el general Castaños quien ordenó pegar fuego a la ciudad para dar un escarmiento con ella por la poca resistencia ofrecida a la entrada de las tropas napoleónicas.

Una afirmación que, de momento, y hasta que se ahonde más en el tema, parece estar sustentada tan sólo en el rumor que corría entre las tropas anglo-portuguesas que asaltan y destruyen la ciudad, entre las que se aseguraba que todos los abusos que estaban cometiendo se justificaban porque, según habían oído, era el propio Castaños quien había dado orden de pasar a cuchillo a esa población…[3]

Parece evidente que ninguno de los que sostienen tales teorías, ha hecho el esfuerzo de leer esos documentos ya publicados al respecto, si lo ha hecho no ha sabido interpretarlos y, por supuesto, tampoco hay muchos indicios de que se haya tomado la molestia que se toma por lo general un historiador profesional. Es decir, la de buscar diferentes documentos sobre un hecho concreto -en este caso ese supuesto rumor sobre esas órdenes de Castaños- y analizarlos, comparando unos con otros, para así sacar conclusiones sólidas al respecto después de responderse preguntas tales como, ¿quién estaba interesado en “cargar” ese “muerto” -el del incendio y saqueo de San Sebastián- sobre el primer general europeo que había demostrado, en Bailén, que las tropas napoleónicas no eran invencibles?. O bien, si acusaciones como esas, que no parecen estar avaladas por ninguna orden firmada por Castaños, no serían parte de la ceremonia de la confusión tan bien organizada por los británicos  para salir de la guerra en la Península con dos enemigos derrotados. A saber su “aliada”, España, y la Francia de Napoleón.

De haber hecho algo de todo eso, cosa que parece demasiado pedir a esos intrusos, es muy probable que aún así no se hubieran percatado de que la mayor parte de los documentos británicos utilizados para reconstruir esa campaña, están escritos por oficiales británicos, llenos de todos los peligrosos prejuicios propios de las clases altas de ese país desde esas fechas. Esos que les llevan a considerar “razas inferiores”, y por tanto crueles y viciosas, a todas, o casi todas, las que habitan la Europa más allá del Canal. Con esa certeza histórica en la mano, podrían haber empezado a situar en su verdadero lugar rumores de ese tipo y, de paso, a atisbar algún dato más o menos exacto sobre las verdaderas causas del incendio y salvaje saqueo de San Sebastián por parte de unas tropas que, supuestamente, estarían liberándola del yugo napoleónico…

Pero sin entrar, de momento, en reñideros como esos, más bien pacatos, que tienen que ver más con cuestiones de intereses políticos que con la Historia como ciencia, sigue siendo absolutamente cierto que tenemos cosas más interesantes aún por descubrir respecto a aquel incendio provocado entre el 31 de agosto y los primeros días de septiembre de 1813.

Entre ellas estaría bien reflexionar, por ejemplo, sobre qué beneficio podía sacar Gran Bretaña de la destrucción sistemática de San Sebastián. Al fin y al cabo, ¿no se trataba de una ciudad que planteaba una seria rivalidad a algunos puertos comerciales británicos?. Eso por no hablar de los daños que durante siglos habían infligido a ese comercio los barcos corsarios donostiarras a lo largo de las guerras, casi constantes, entre España y Gran Bretaña durante los siglos XVI, XVII y XVIII[4].

Sin embargo, antes de que ese momento llegue, quizás sea bueno aprovechar estos días de “pre-bicentenario 1813” para hablar de cuestiones más concretas. Por ejemplo, sobre por qué la plaza fue tomada por los británicos y fue destruida, sí, pero no hasta el punto en el que no pudiera servir, sólo para empezar, como fortificación de retaguardia, caso de que el contraataque napoleónico, el que se estrella en San Marcial ese mismo día 31 de agosto u otro posterior, hubiera tenido éxito. Para ello es necesario que nos aproximemos hasta el fondo de reserva de la biblioteca de la Diputación Koldo Mitxelena y solicitemos algún libro y un par de periódicos británicos con fecha de septiembre del año 1813.

En ellos vamos a encontrar, si los miramos como historiadores, datos muy poco conocidos sobre aquel acontecimiento, sus posibles causas y sus consecuencias…

Destrucción selectiva. Las murallas de San Sebastián antes y después de la toma de La Brecha

No es difícil comprobar el interés que los británicos tenían en San Sebastián durante la hoy llamada “Guerra de Independencia”. No es necesario siquiera soportar esas, según parece, para algunos, intolerables horas de trabajo de archivo. Basta, en efecto, con darse una vuelta por una biblioteca especializada, tener un conocimiento un poco más que regular del inglés, la paciencia necesaria para leer tres o cuatro hojas impresas y, por supuesto, saber sacar de ellas las conclusiones oportunas.

Podemos empezar por el volumen VI, el último, de las memorias de W. F. P. Napier, uno de los muchos oficiales británicos que hacen la campaña peninsular. En él se recogían las palabras de Lord Wellington acerca de que, de cara a la futura, y casi inmediata, guerra contra España que él ya preveía, sería muy recomendable apoderarse de San Sebastián como medio para poder presionar al futuro gobierno español que saliera consolidado de la guerra contra Napoleón que ni siquiera había acabado en esos momentos…[5]

Es un buen punto de partida para el tema que vamos a tratar en este breve artículo. De entrada, esas páginas ya nos muestran el interés capital, estratégico, que, aparte de cualquier otra consideración -como la ya aludida peligrosidad de San Sebastián para la navegación británica-, podía tener esa ciudad y, sobre todo, su plaza fuerte, para el Imperio Británico que está empezando su breve pero fulgurante carrera en esos momentos.

Esa idea de capturar San Sebastián como rehén político y militar de esa futura estrategia -jamás aplicada-, sumada a la necesidad de utilizarla como base segura para resistir un contraataque napoleónico, nos pone en el camino correcto para empezar a comprender mejor cómo las tropas británicas aplicaron el 31 de agosto una destrucción selectiva sobre esa población guipuzcoana, arrasando el interior de la misma y, en parte, sus instalaciones portuarias, pero dejando intactas, e incluso mejoradas, sus murallas.

Para ello, nuevamente, no es necesario gastar horas de archivo. Basta con solicitar otros fondos de esa biblioteca de la Diputación guipuzcoana en San Sebastián, el Koldo Mitxelena Kulturunea, en la que podemos leer los seis volúmenes de las memorias de guerra de W. F. P. Napier.

En efecto, junto a libros como estos, encontraremos en ella diversos ejemplares de periódicos británicos que, en su día, dieron pábulo a la versión oficial de los hechos sobre la toma de San Sebastián remitida por el Alto Mando británico. Una de la que, naturalmente, se había eliminado toda referencia a los incalificables desmanes perpetrados allí por las tropas británicas y portuguesas pero que, afortunadamente para el tema de este artículo, sí conserva todos los detalles técnicos de esa operación de asalto.

La versión que ofrece “The London Gazette” es la más sustanciosa. Esa es la impresión que se saca al leer extractos de ella que fueron utilizados por otros periódicos británicos, como el escocés “The Edinburgh Evening Courant” del sábado 18 de septiembre de 1813, para dar cuenta de cómo se habían tomado las formidables defensas de San Sebastián[6].

Es más, de hecho, parece ser que fue “The London Gazette” la primera en publicar los despachos que el mayor Hare entrega en Downing Street al conde de Bathurst, remitidos, a su vez, desde la localidad navarra de Lesaca por Lord Wellington.

En efecto, su reproducción del texto data del jueves 14 de septiembre, en tanto que “The Times” publicaba esa noticia el día 15 de septiembre[7].

La descripción de esos hechos por la madrugadora “The London Gazette”, comienza señalando que el fuego sobre la plaza se abrió el día 26 de agosto de 1813 contra el que el documento llama fuerte -“fort”- de San Sebastián. Fue fundamentalmente dirigido contra las torres que flanqueaban la cortina de la cara Este de las fortificaciones, contra el medio bastión en el ángulo SE  y en la terminación de la cortina de la cara Sur.

El objetivo de ese nutrido fuego era, según el documento, facilitar el avance sobre las brechas abiertas en 30 de agosto. A saber, una en la muralla de la ciudad y otra en la terminación de la cortina.

Una operación que, sin embargo, parece haber servido de muy poco a quienes son enviados desde todos los ángulos posibles a aquel matadero.

En efecto, incluso el comedido relato de los informes militares destinado a su publicación en la prensa británica, deja entrever la dureza de los combates que se desarrollan en las inmediaciones de esas brechas abiertas en las fortificaciones de San Sebastián. Es lo que puede deducirse de la muerte del coronel del regimiento de los “Royal Engineers”, sir Richard Fletcher, alcanzado por un tiro de mosquete en la boca de las trincheras que protegen el avance de las tropas británicas hasta las brechas[8].

También permiten hacerse una idea de lo que sufrieron las tropas de asalto aliadas, movimientos como el avance del Décimo regimiento portugués bajo el mando del mayor Snodgrass, que cruza el Urumea y se apodera de la brecha principal desde el flanco derecho, y los elogios a las tropas españolas que, según parece, también convergen en esos arriesgados movimientos frente a esas brechas, las cuales, protegidas por unas fortificaciones bien artilladas, convierten el avance en una verdadera carnicería. Cosa, por otra parte, habitual en ese tipo de sistemas defensivos[9].

Sin embargo, esas observaciones palidecen ante las que envió a Gran Bretaña sir Thomas Graham. El general al mando del arma que iba a decidir, necesariamente, esa batalla, es decir, la Artillería del ejército aliado.

Este oficial había tenido ocasión de lucir bajo el mando de Lord Wellington sus habilidades durante esa guerra llamada por los británicos “Peninsular war”. San Sebastián sería su último gran desafío en esa campaña y puede decirse que su competencia en esas labores quedó claramente demostrada por los resultados de la estrategia que describía en su informe del día 1 de septiembre de 1813.

En él decía que, siguiendo órdenes de su señoría -es decir, Wellington-, buscó con el despliegue de sus baterías en torno a San Sebastián, atacar y alojarse en la brecha que se extendía desde la izquierda de las murallas de la ciudad para abrazar la más alejada o exterior de las torres -“to embrace the outermost tower”-, el final y frente de la cortina sobre el bastión de la izquierda -“the end and front of the curtain immediately over the left bastion”- y así bien las caras mismas del bastión. Todo ello con miras a lanzar un ataque definitivo a las 11 de la mañana del día 31 de agosto de 1813[10].

Ese día, tras haber hecho sus disposiciones finales, Graham cruzará el Urumea y se situará en las baterías a la derecha del ataque. Según dice nuevamente en su informe, desde ahí tenía la mejor visibilidad y podía dar órdenes precisas para batir con la Artillería aquel formidable objetivo[11].

En efecto, sir Thomas podrá ver desde allí todas y cada una de las consecuencias del asalto.

Desde ese puesto de observación, será testigo del destructor fuego, con obuses y metralla, que recibe a la primera columna que se lanza contra la brecha al abandonar la derecha de las trincheras. Además de eso Graham asistirá también a la mortífera explosión de una mina en el ángulo izquierdo de la contraescarpa del hornabeque -“hornwork”- de esas fortificaciones tan bien diseñadas para cumplir con aquella terrible función[12].

Su ojo experto también advertirá desde aquel observatorio privilegiado, que la brecha abierta en las murallas de San Sebastián en esos momentos, la que están tratando de rebasar las tropas aliadas, era una sangrienta trampa. En efecto, Graham señalará en su informe que, a simple vista, no se podían apreciar en toda su magnitud las que reconocía como insuperables dificultades de la brecha, pero observando con atención la operación de asalto -tal y como él lo hizo- se deducía pronto que las murallas donostiarras eran casi imposibles de tomar. Fundamentalmente porque, a pesar de su extensión, sólo había un punto por el que se podía entrar a ellas y además en fila india, -“single files”-, con lo cual los soldados atacantes prácticamente eran ejecutados, sin defensa posible, por los defensores de esa brecha[13].

Ese único y letal punto accesible para dar asalto a la ciudad es descrito minuciosamente en el informe de Graham. Dice que todo el interior de la muralla hacia la derecha de la cortina estaba formado por una escarpa perpendicular de, al menos, 20 pies hasta llegar al nivel de las calles. Eso sólo dejaba un estrecho pico -“ridge” formado por la cortina en sí misma, rota en su fin y frente, que formaba ese estrecho paso para las tropas asaltantes, convirtiéndolas en poco más que un blanco fácil para los soldados napoleónicos[14].

Las cosas empeoraron aún más cuando los franceses, aprovechando una tregua para reponer munición, reforzaron esas, ya de por sí, formidables murallas con obras defensivas como trincheras y paralelas en el hornabeque, en los bastiones de la cortina y dentro de la ciudad, frente a la brecha. Medidas que el general Graham califica en su informe de las mejores que podía ofrecer el Arte militar de 1813. La consecuencia inmediata de todo eso era que las obras originales de la muralla, pensadas para someter a fuego cruzado a los asaltantes, habían redoblado su poder destructivo con esos refuerzos efímeros, pudiendo acribillar a los flancos de la columna de avance, tal y como Graham descubre en cuanto pone la vista encima a esas nuevas disposiciones defensivas[15].

Eso hacía además imposible formar un alojamiento para proteger a las tropas de asalto sin tomar, al menos parcialmente, la cortina. Por otra parte los ingenieros británicos nada podían hacer al quedar expuestos a fuego de obús y de metralla desde el Castillo de la ciudad[16].

El resultado de todas esas dificultades era, tal y como lo define Graham en su informe, sencillamente una situación desesperada en la que caía una sección tras otra de las tropas aliadas mientras intentaban coronar el pico de la brecha.

Para acabar con aquella matanza poco menos que inútil, Graham consultará con el coronel Dickson, al mando de la “Royal Artillery”, a fin de considerar cómo se podía hacer frente a esas fortificaciones que parecían más inexpugnables cuanto más fuego se dirigía contra ellas. La decisión final de la oficialidad británica consistirá en concentrar contra la brecha los disparos de la Artillería de un modo que Graham define como muy intenso. De ese modo se esperaba proteger el avance hacia ese punto de las tropas que, sin embargo, quedaban expuestas a morir también bajo ese arriesgado “fuego amigo” que pasaba sobre sus cabezas tan sólo a unos pocos pies de altura…[17]

Esa fue la situación verdaderamente desesperante con la que sir Thomas Graham se tuvo que enfrentar en aquella mañana del día 31 de agosto de 1813.

Es evidente, aunque hasta hoy apenas si se ha señalado, que aprendió bien desde su observatorio privilegiado, al otro lado del Urumea, cuáles eran las virtudes de aquellas murallas convertidas, para él, en un gigantesco problema táctico.

Tanto que, además de no ser arrasadas durante la sistemática destrucción que sigue a la entrada de las tropas anglo-portuguesas en la ciudad, fueron, por el contrario, cuidadosamente mejoradas para hacer desaparecer de ellas cualquier punto débil. En especial aquel en el que se habían abierto las brechas, haciendo así aún más invulnerable a la ciudad. Algo que le hubiera venido muy bien a ella y a sus habitantes de haber dispuesto de esa mejora antes de aquel 31 de agosto en el que, tras la entrada de las tropas anglo-portuguesas, se vivieron algunas de las peores horas de la ciudad de San Sebastián.

Conclusión

La Historia de esa peculiar destrucción selectiva de San Sebastián, acaba diez años después del incendio, durante la primera guerra civil de la Edad Contemporánea española. Es decir, la que tiene lugar en 1823, cuando Fernando VII llama en su ayuda y contra el gobierno parlamentario español a los llamados Cien Mil Hijos de San Luis. Las tropas que bajo el mando del duque de Angulema cruzan el río Bidasoa en esas fechas y, unidas a los reaccionarios locales, van aniquilando la resistencia del gobierno liberal español y, especialmente, la de todas las plazas fuertes en su poder. Desde El Ferrol y La Coruña hasta Cádiz, donde todo acabará.

De todas ellas tan sólo resistirá hasta el final la de San Sebastián, convertida paradójicamente en plaza inexpugnable por aquella política británica que fue la misma que permitió en 1823 la destrucción del orden constitucional en España dejando hacer a la Francia reaccionaria. Tan sólo para venir a apoyarlo una década más tarde de un modo, una vez más, sólo en apariencia paradójico, pero que los vaivenes políticos de la era de las revoluciones europea explican por sí solos…

Estos son los hechos en torno a la destrucción de San Sebastián el 31 de agosto de 1813 de los que, parece evidente, aún apenas sabemos nada y han sido sistemáticamente ignorados o pasados por alto tanto por la Historiografía habitual como por muchos de los intrusos que tanto abundan en el campo de la Historia profesional, dejando así un vacío más para ser cubierto desde publicaciones con otro modo de ver y hacer las cosas como la Bitácora y los Papeles de Pedro Morgan…

Batalla del Moscowa 7-IX-1812. Colección particular.


[1] SADA, Javier: El asalto a la brecha. Crónica de la destrucción de San Sebastián en 1813. Txertoa. Donostia- San Sebastián, 2010.

[2] Véase, respectivamente, MENDIOLA, Antolín: “1813. Causas del incendio de San Sebastián”. Euskalerriaren Alde, año 16, nº 270, 1926, pp. 204-211, LÓPEZ ALEN, José Ramón: “Documentos históricos relativos al incendio de la Ciudad de San Sebastián”. San Sebastián. Revista ilustrada, año 29, nº 29, 1963, pp. 9-13 y MURUGARREN, Luis: “1813. San Sebastián incendiada por británicos y portugueses”. BEHSS, nº 27, 1993, pp. 129-474.

[3] Sobre esto véanse las interesantes observaciones de Luis Murugarren. MURUGARREN: “1813. San Sebastián incendiada por británicos y portugueses”, pp. 172-173. Señala este autor que la única fuente de esa afirmación habría sido sólo un rumor que se hace correr entre los soldados británicos y portugueses al comienzo del saqueo de la ciudad. Cuestión sobre la que también abunda  KMKU J. U. 1997 GAZTELU, J.: Reflexiones sobre las cusas del incendio de San Sebastián en 1813. Martín Mena y Compañía. San Sebastián, 1913, pp. 4  y 6.

[4] Sólo para hacerse una idea de esos daños véase OTERO LANA, Enrique: La guerra de la Oreja de Jenkins y el corso español (1739-1748). Cuadernos monográficos del Instituto de Historia y Cultura Naval. Madrid, 2004.

[5] Consúltese Koldo Mitxelena Kulturunea (desde aquí KMKU) 12102 NAPIER, W. F. P.: The History of the war in the Peninsula and in the South of France from the year 1807 to the year 1814. Frederick Warne and Co. London, 19…?, p. 15.

[6] Consúltese KMKU  LAM  146.

[7] Consúltese  KMKU  LAM  146 y LAM 150.

[8] Consúltese  KMKU  LAM  146.

[9] Consúltese  KMKU  LAM  146.

[10] Consúltese KMKU LAM 146. Una versión algo más pálida de ese informe, y sin indicación alguna sobre su origen, en SADA: El asalto a la brecha. Crónica de la destrucción de San Sebastián en 1813, pp. 63-68.

[11] Consúltese KMKU LAM 146.

[12] Consúltese KMKU LAM 146.

[13] Consúltese KMKU LAM 146.

[14] Consúltese KMKU LAM 146.

[15] Consúltese KMKU LAM 146.

[16] Consúltese KMKU LAM 146.

[17] Consúltese KMKU LAM 146.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Alberdi Lonbide, X., Rilova Jericó, C. y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s